© 2018 por Jorge Armesto

POESÍA

AS BAGOAS DOS SERES PEQUENOS

Poemas originales del poemario  "As bágoas dos seres pequenos" pequenos"  Premio de Poesía "Avelina Valladares"

El jurado integrado por Xesús Rábade Paredes, Ramón Caride Ogando y Anxo Angueira Viturro valoró especialmente la extraordinaria originalidad del autor y el carácter universal de sus creaciones. Asimismo, destacó la capacidad del artista para reflejar la problemática social contemporánea y alabó la narratividad de las composiciones. «Os poemas non se quedan na mera sensación, senón que son capaces de contar una historia 

Acuarelas Xesús Muras

Dibujos Paco Oti

 

Moc

Moc vive dentro de un pozo

Siete kilómetros por debajo de Dios

Dueño de fórmulas mágicas para ser más pequeño

Cuida con paciencia un liquen enano

Con tijeras diminutas fabricadas por él

Cada día perfuma con espliego su barba cana

Se arrodilla y reza tristemente a ese dios tan elevado

Se está tan hondo siete kilómetros por debajo de dios

Que la abertura del pozo como una estrella lejana e inmutable

Inmóvil clavada en un crespón

Brilla solo para Moc

Que se perfuma cada día con espliego

Que reza y reza a ese dios tan elevado

Que recoge las monedas de los enamorados

Las ordena por tamaños y sonidos

Y escribe con ellas en la pared

Mi vida mi amor espérame en el pozo

Mi ángel lo mejor de mí

Espérame en el pozo

Espérame en el pozo mi cielo

Espérame en el pozo

El Fugitivo

Todos los niños quieren ser como El Fugitivo

recortado en cartulina negra sobre el atardecer

vagando solo por esas montañas

silencioso con esa mirada tan triste

cargado de recuerdos que desearía olvidar

que los niños no entienden muy bien

pero que los creen convincentes y misteriosos

Todos los niños quieren ser como El Fugitivo

perseguido por la justicia

por un delito que para los niños no es delito

aunque ellos saben que huye de otras cosas

de sombras que le atormentan y que nunca se reflejan en su cara

El Fugitivo habla poco

pero cuando habla los niños lo admiran de verdad

no hay árboles donde va

aunque los niños sospechan que acaricia el lomo de los perros cuando nadie le ve

Podría haber descansado en cualquiera de los hermosos lugares que apenas pudo vislumbrar

con cualquiera de las bellísimas mujeres que le amaron hasta el desfallecimiento

y que tal vez él pudo amar también

pero no lo hizo nunca

no estaba mucho tiempo en el mismo sitio

Quien sabe…

una vida más feliz

no siempre vagando solo por esas montañas

con esa mirada tan triste

perseguido por la justicia

cargado de recuerdos que desearía olvidar

pero ya no sería El Fugitivo

y los niños quieren ser como El Fugitivo

El preso del profundo calabozo

El preso del profundo calabozo

es un asesino

borracho ladrón jugador

no tiene conciencia y no está en paz con dios

Vive en un calabozo profundo y oscuro

que él cree lleno de tesoros por descubrir

o de hermosas mujeres de los sueños & elefantes & animales exóticos

El preso del profundo calabozo

asesino ladrón sin familia amoral

busca en los resquicios de los muros

ocultos mecanismos de pasadizos secretos

que como una hendidura en el cielo

abran hermosos vergeles cruzados de ríos & frutos & delicias sin fin

Sabe que es de día cuando llega el carcelero

y de noche cuando oye a los presos gritar

verano cuando le comen las moscas

invierno si gotea el musgo en la pared

Y cuenta cada gota con instrumentos manuales

y cree medir las precipitaciones

piensa que el exterior es un mundo de sol

El preso del profundo calabozo

asesino ladrón dañino para todos y para él

espera cada día la llegada del carcelero

y en los segundos en que la luz blanca se filtra por el portón

el preso del profundo calabozo

homicida criminal sin paz con dios

sobre la sombra de las rejas en el muro

juega al ajedrez

Puck

 

En la mecedora contando guisantes bajo un sol dulce

Lloran las viejas

Y sus lágrimas

Son guisantes de viuda

La mecedora es la compasión de dios

Y el guisante es solo un guisante

 

Pero allá en el crepúsculo una lengua negra atraviesa el melocotón moribundo

Es el viejo Puck borrachín borrachín

Que al atardecer regresa a su casa canturreando

 

            Oh Madelaine recorro los valles por ti

            Oh Madelaine como un arroyuelo fresco Madelaine

            Oh Madelaine nunca me abriste los brazos

            Oh Madelaine nunca entendiste mi corazón Madelaine

Martha

 

Martha limpia con cuidado

Todos los atardeceres

Hay valles en las yemas de sus dedos

Donde acaban reposando dulcemente

Pan de ángel y yeso

Como un firmamento en un vaso de leche

Tan absorta que ni siquiera recuerda rezar

Llegará la muerte

Como llegará la primavera

 

Thomas

 

El viejo Thomas sentado en el fondo de la laguna salina

Pesca cada noche barbos plateados

Que viven en círculos de agua

La luna filtrada en las astillas de los robles

Es el farol de las grilleras

Y el tinte de Domingo de las escamas del mar

Suavemente en silencio late el bosque

Suspira la grieta de una roca en el acantilado

Y aguarda un nuevo día vestida de vapor

Transcurre el mundo tan lentamente

Que el viejo Thomas se ha dormido en el fondo de la laguna salina

A su lado su vieja caña Moly cuida de él

 

 

Laura

 

Ahí va Laura la loca a la orilla del mar

Arrodillada en raíles de arena submarina

Con humo de burbujas en su boca

En nubes de lágrimas y espuma

Ahí va Laura la loca viuda del pescador

Un frío desierto de dunas en sus manos

Hacia el fondo se llena de mar

Una enagua flotando en un suspiro

Y un cielo azul sobre otro cielo azul

Su nombre

 

El aguador de Greenville Village era Patrick McNally

Digo era porque murió

Una embolia afirmó el doctor Anderson Joseph

Licenciado en Birmingham en el 53

en aquella brillante promoción que tantas vidas ha salvado

Fue un sepelio correcto

incluso ese viejo loco de Gregory Blackmore asistió

dejando sola su cottage en Norkvolk Coventry

Inaudito insólito

Patrick McNally era un hombre muy querido en Greenville Village

Su socio Fergus O ´Dogherty

(Ian O´Leary antes de ser perseguido por sus opiniones revolucionarias

-“disolventes” había dicho el anciano y respetado magistrado Edwards-

en los disturbios de estibadores del otoño negro de Liverpool)

llevaba una enorme corona de flores

y en general todos manifestaban su pesar

 

Pero eso no consoló a la viuda

La viuda McNally bebió tanto whisky esa tarde

que tras perder las uñas en la lápida de Patrick y anegarla de lágrimas

acabó sollozando en el lecho

de  ese animal de Bob el polícía Market Street trece semisótano

Hay un límite para el dolor

A partir de ahora ya no podrá sufrir más

Ni aunque quiera

Pero ¿Cuál era su nombre?

¿Margaret? ¿Susan? ¿Mary?

¿Cuál era su nombre por dios bendito!

El niño que busca tesoros

 

El niño que busca tesoros

traza el mapa sobre el forro de la caligrafía

en ese papel verde y rugoso como un viejo envoltorio

atravesando el jardín los manzanos y el trigal de amapolas

cruzando el arrollo en su codo

a diez pasos del olmo hueco y quemado

en la línea que dibuja el sol justo al atardecer.

Y dobla el mapa y lo entierra bajo una pila de libros

para construir sus pliegues

y lo expone al sol de la claraboya del desván

redondea sus bordes arrancándoles pequeños trozos como mordiscos de ratón

y lo guarda después, envejecido y ahumado

en una de esas cajas metálicas de pimentón de la abuela

con la tapa redonda oxidada

para encontrarlo años después

Y cruza el jardín, los manzanos, el trigal  de amapolas y el arrollo

y cava a diez pasos del olmo justo al atardecer

pero allí

allí no hay nada

El niño que busca tesoros

ya no es tan niño cuando crea su segundo mapa

ha encontrado nuevos materiales más apergaminados

y envejece el papel con una mezcla de yodo y betún de Judea

inventada por él

aunque lo sigue guardando en la vieja caja metálica

que es como un vientre donde se gestan mapas de tesoros

la tierra donde germinan cartas marinas

simiente de brújulas y astrolabios que solo señalan prodigios

Y ahora debe crestear sierras fabulosas

hundirse hacia los valles profundos

y dormir bajo las estrellas en el refugio caído

Se cruza con rebecos y perdices en el camino

y bebe el agua fresca del manantial de la montaña

pero cuando cava en la cara umbría de la peña de cabeza de águila

justo cuando al sol del mediodía

la sombra del pico curvado amenaza el centro de un nevero

cuando cava entre el brezo a dos centímetros de la huella del oso

allí

allí no hay nada

El niño que busca tesoros

es ya un anciano cuando quiere buscar el tercero

El proceso de envejecimiento de las láminas es perfecto ahora

con una solución de azufre y metacrilato

diluida en barniz de nogal

que dibuja en el papel esas manchas de la memoria

La gestación es más tardía

pero la vieja caja sigue siendo el seno de un mundo misterioso

y ahora debe atravesar el terrible desierto de Jeddah

el valle del Eufrates y llegar hasta Isfahan

para sumergirse luego en los fondos coralinos de Aqaba

la selva de Zanzíbar junto al lago Bangwelu en el pueblo de Chitambo

y más hacia el oeste cuando la última marea del cuarto creciente regresa hacia el Atlántico

y los esqueletos de los buques pesqueros

son como arañas buceando en la duna de arena rosada

cavar

con la misma pala del abuelo, con que cavó su primer tesoro

No tiene ni medios ni fuerzas ya

Y ahora llora sobre los acimut borracho y frustrado

e incluso los gotones de las lágrimas le han dado al mapa mayor credibilidad

un mapa que cruzaba Arabia y Mesopotamia

y el Asia Menor y centro África y que moría en la costa namibia

allí

donde tampoco había nada.

Cien años de estepa 

  

Las muchachas bromean en los descansos de la fábrica

Se alisan los pliegues de las faldas

sueñan con burbujas en baños de leche

y viajes al mar

Escondidas en los cauces secos del maíz

inventan escenas románticas en una noche clara

hablan de las estaciones

y de amores que vendrán

No añoran las guerras

pero sí el uniforme de los tamborileros

El polvo de la harina envuelve a los molinos como nieve en verano

Mimosillas trenzadas regalan cestitas de olor en el mercado de sal

Pequeñas catedrales crecen en los nidos de golondrina

Y aquí

cien años de estepa

 

Cuando la noches es cálida como un edredón

yo salgo a la ventana a lavar mis pecados

me remango el mandiló y me froto las manos

la brisa recorre mis pechos

y pienso en ese otro desgraciado

que en algún lado comulga conmigo en la oscuridad

Nubes de tormenta se aparean en buñuelos quemados

Camioneros solitarios sollozan sobre programas de radio

Astrónomos borrachos bautizan nebulosas con nombre de mujer

Y aquí

cien años de estepa

 

Los niños sospechan la verdad

 

Los niños sospechan la verdad

Saben que las agujas de pino no son cuerdas para cítaras de duende

y que no hay una línea en el mar tras la que se vuelve verde y misterioso

Saben que las caracolas son esqueletos de crustáceos

y no oyen en ellas el ruido del mar si no un último estertor

No encuentran entradas secretas en los huecos de los robles

y no ven en las nubes más que niebla muy alta

Saben que la navidad es la época en la que los borrachos se mueren de frío

en la que los mendigos multiplican su margen de beneficios

y en la que se compra dulce en los hospicios

Ya no dicen Mamá Mamá no me lleves al fondo de la oscura caverna

porque ahora les gusta el fondo de la oscura caverna

Los niños sospechan la verdad

Balada del pequeño bubón solitario

 

El pequeño bubón solitario abandonado bajo tu axila

Esperó más de diez años para poder ver la luz

Pero ya era ciego por entonces

El pequeño bubón solitario que crece bajo tu axila

Se acunaba cada noche en un bosque calcinado y acariciante

Donde todo permanecía en silencio

Hundiendo lentamente sus manos en la pila de agua

Refrescándose la frente y devolviendo luego las gotas una a una

Peinándose hacia delante y hacia atrás

Hacia delante y hacia atrás

Y sentándose a descansar de nada

Se podría haber recogido su amor como en un cafetal

Se podría haber recogido su amor empapado en arrozales silenciosos y suaves

Pero seguiría sin saber qué era el amor

Qué era el café

Comenzó la gran vorágine

Se derramó el vino y cubrió las páginas deportivas como una ola de destrucción

El perro mediodormido mordisqueó la zapatilla de cuadros como un monstruo terrible

Y tú mordisqueaste con constancia una tostada ennegrecida como un aventurero en una difícil misión

 

Así eres tú

Tan cansado

 

Y el pequeño bubón solitario que crece bajo tu axila

Sólo necesita una ligera incisión

Para florecer

Descargar todas las lágrimas que ya no podía soportar dentro de sí

Y ofrecer a tu piel envejecida

Su amor perfumado y profundo

Balada de los pobres

Los pobres dormían en los catres del ejército de salvación

Y rumiaban potaje de judías que nunca hicieron daño a nadie

Porque eran muy inocentes

Los piojos saltaban en las almohadas grises como en una cama elástica

Hablando de amor en los cobertores

Y todo era muy divertido

Los pobres morían en secuencias numéricas

Los sepultureros no tenían que andar buscando cadáveres por todas partes

Y siempre llegaban a cenar

A una hora razonable

Porque también es importante la familia

Y no se puede vivir sin la familia

 

Pero ya no hay ejército de salvación

Y los pobres mueren por ahí en cualquier sitio

En lugares absurdos a veces

En absoluto desorden

Los piojos se aburren y miran con tristeza el horizonte

Envejecidos hablan ahora de los viejos tiempos

Las cenas se enfrían

Las familias sufren pero luego se acostumbran

Y los sepultureros refunfuñan

Reclaman con terribles movilizaciones que no quiero ni imaginar

Una subida en las dietas de transporte

Y en el plus de productividad

La almena

Tengo un deseo

Que era acogedor como las escafandras acolchadas

Que se deshacía como la madera húmeda

Que fluía de la tierra como un manantial caliente

Que era como el útero

Que era como algodón de azúcar

Que era un rebelde

Que era como tu boca

 

Se cayó desde una almena

Mientras trepaba

Y ahora es como un árbol herido

Que llora piedras

Que bebe orín

Y se deja crecer el pelo

Muy muy largo muy largo

Que mira hacia arriba despreciando a la hiedra

Sentado frente a la chimenea con una pipa y un incunable

Y que tararea canciones de borracho

Lágrimas

 

He dejado tras de mí

Sueños desmembrados

Como la piel de un leproso

Que goteaban

Ni siquiera puedo apretarme la cara con las manos y gemir

Solo sollozo mientras leo el diario

Sólo leo el diario

 

He encargado una tonelada de lágrimas nuevas

Con mis iniciales bordadas

Que llegarán en un camión brillante

Desde la moderna factoría

De la Western Crying United

Con el sabor adecuado

0,0001 miligramos de sal por cada mililitro de agua

Como manda el buen gusto

El casino azul

 

Ruedan las lágrimas y sobresaltan al golpearse entre sí

A blancas damiselas envueltas en muselina

Que danzan desfallecientes sobre un lecho rosado

Hay un crupier azul al fondo de un salón azul

Que acciona mecanismos de hermosura decadente

De una época delicada y bella

Que desapareció

Que acciona mecanismos con elegancia

Deslizando su mano enguantada sobre el ébano

Y sirviéndose una copa

De un fabuloso cóctel

Suave y exótico

Afrutado y luminoso

Que refleja el brillo dorado de los vientos

En la exquisita palidez de las señoritas que sonríen bajo los velos

El crupier mira hacia la orquesta y sonríe también

Acompasando a la dulce melodía de verano

El movimiento de su mano

Posando la copa ya vacía

Que dejó en sus labios una gota de angostura

 

Un gesto preciso

Y con suavidad el bombo se detiene

Meticuloso imperturbable cálido grita

Siete

Y siete lágrimas azules recorren mi mejilla

Salvando increíbles distancias se acurrucan en los pliegues de mi labio

Y despiertan todas las ternuras

Que habías perdido

Y que jamás hubieses podido encontrar

Encima de la máquina

 

Cuando Juan duerme encima de la Máquina

Cabeceando y ondulando suavemente sus músculos rosados

Una camada de lirones se despereza

Suspiran las corrientes marinas

Y los sargazos como péndulos del mar

Acarician el lomo de las lubinas

Cuando Juan duerme encima de la Máquina

Cuaja un copo de nieve

Y Mani la criadita se esconde del invierno bajo las sábanas

Parpadean las lámparas de gas

Juan tenía una bolsa de cuero con bolas de cuarzo

Y una vez en un garaje quiso ver un león

Juan robaba uvas

Su madre llevaba el paso de la oca

Y cuando era pequeño siempre estaba sentado

Cuando era pequeño siempre estaba enfermo

Cuando era pequeño nunca fue pequeño

La casa del hombre malo

 

Bajo un desierto sobre una arista sin una nube en un alfiler

está la casa del hombre malo

Hoy estuve mirando tras la ventana de la casa del hombre malo

en un triste jardín de palosantos

que ofrecen a nadie sus frutos naranjas

cuando el tronco desnudo sobre un lecho de arrugas

se clava como un débil espantajo en el invierno

En el ojo de un gato bajo un terrario sin una ballena sin un tirolés

en el salón de la casa del hombre malo

lleno de pianos y lápices inmaculados

de recortes de lugares lejanos que aparecen en el dominical

está sentado el hombre malo

mirando absorto una planta de habas que crece en una caja de zapatos

midiendo cada brote con un metro de platino iridiado

anotando sus progresos en una hoja de papel

En la sombra de un bosque en mitad de la salina blanca y desnuda

mil kilómetros al este de un triciclo

mil kilómetros al oeste de un pastel

está la casa del hombre malo

y el hombre malo está quemando cartas que se vuelven a escribir

calentando lágrimas que no se quieren evaporar

y escuchando con insistencia una melodía

(concierto en solo menor para piano op. 16 Edward Grieg)

que en un tiempo creyó cargada de esperanza

y que ahora nota a nota surco a surco

en un esfuerzo tan cruel como baldío

le desbroza el alma

 

Regreso a África

Henné fue concebida entre matas de alheñas

cuando la noche alquitranaba el oasis de El´ Web

aunque ella cree que la moldeó un pequeñito dios negro

bajo el pupitre de una clase con un cortaplumas y una barra de jabón

Henné juega con Muñeca de hojas de panocha

le da pecho y canta nanas

bajo un cielo pintado de heno

un cielo de nuez que se funde y desvanece como melaza al sol

Al sur

laten los tambores en el oasis de El´Web

cebrado con las tostadas pestañas de Henné

que se extienden a lo largo de la arena

como gotas de aceite quemado entre membrillos

como asfalto caliente en un mar de cebada

oleoductos negros que son venas de un bizcocho

Nos perfuma en abril el Simún

las espigas se hunden en las murallas de adobe

como viejas libélulas en burbujas de ámbar

como nanas de ocre en la boca del Henné

que ofrece sus mamas a Muñeca de hojas de panocha

y ve el calor perezoso serpenteando por el pedregal

cubriendo a El´Web como una costra de arcilla reseca

como una herida curada de yeso en el oasis de El´Web

Henné sabe que lloverá en El´Web

y mientras aguarda

hunde sus pestañas en la arena

que como un orfanato de plantas efímeras

arrulla en su tórrido vientre a semillas durmientes

que esperan sin prisa el húmedo beso de dios.

La isla

Hay una pequeña isla en un paralelo desconocido

que surgió del océano como una burbuja

donde una vez desperté, tras una tormenta en la noche del trópico,

desnudo y acariciado por la espuma en una ensenada coralina.

En la orilla de la pequeña isla acunada por el mar

trencé una liada con mi pelo y con sargazos

para no ser el primero en dibujar mi paso en tus playas nacaradas,

cruzando suspendido hacia la espesura.

Allí abro anchos canales en las dunas de tu espalda

y así navego por una plácida corriente de aguas escarlatas

hacia un lago interior.

Allí se eriza tu vello dorado, como un campo de trigo,

mecido por el soplo de mis besos alisios

y yo busco en tu boca un cálido refugio, temeroso del monzón.

Recojo cada día los frutos que me regalan tus ojos;

húmedos, maduran al soñarme.

Fermentan apenas al rozar las yemas de mis dedos

y así me embriago en el hueco de tu axila con el dulce licor.

Reposo luego bajo la sombra de tus párpados, dos sauces llorones.

Me perfuma tu aliento

y no más de dos o tres haces de luz se derraman en mí.

Los días, se suceden como las alturas de un pastel.

Fui una vez un náufrago varado en tu isla mimada por el mar.

Allí, pobre indígena, yo hubiese deseado extinguirme.

En el hospital

 

Amanece

Las putas se retiran

Mendigos congelados engendran su último esputo en la boca de un metro

Como demiurgos de la miseria

Un sol tenue se suspende

Tiñe los charcos y da vida a las paredes de cal

En el Hospital comienza un nuevo día

Las niñas duermen en sábanas blancas

Serán mañana mortajas de deseos

Cansada de los malditos nacimientos

En el Hospital muerte la comadrona

Y no deja nada

Y cuando quiero decir nada es nada

En algún centímetro de mi piel ella me ama y un niño muere en el Hospital

Las formas se difuminan en el verano

Sudan las putas cuando hay verano

Nunca lloverá

Muere un niño en el Hospital y en alguna grieta de mi ruina ella me ama

Hay un alud en un hormiguero

Enfermos tarados buscan esmeraldas en los baldosines

Pequeños personajes negros

Gruesas batas de ruedas de oruga

Encienden velas manchadas de rezos

Pálidas e inútiles como espantapájaros en el desierto

Y siguen muriendo niños en el Hospital

La carretera se reseca y las plantas desprenden su última gota de savia

Como una ofrenda a un dios ávido de sacrificios

Sólo hay perfección en el dolor

La arena es la lepra de los años y el polvo el almanaque de los muertos

Las niñas tienen sueños que yo desconozco

Guardan recuerdos que a mí me hacen daño

No fechan sus risas con Carbono 14

Los perros vuelcan los cubos de basura

No hay sobrevivientes en el alud

La vida es un esputo de dios

Si oh cielos ella me ama

Y el último niño muere en el Hospital

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Mercado de valores

Tú me das tu amor nadando en un cepo

Y yo te doy mi cicatriz

Sorprendida aún con compota de zarzamora en los labios

Blanda y flotante

Como un desmayo en una pluma

Soleada

Plácida

Como un estuario en un grano de sal

En una cajita encarnada llena de equinoccios y florestas

Envuelta en lazos de raspadura de naranja

Diluida en un ovillo de lana

Dormida pobrecita

Me besas debe ser hermoso

Y yo tiemblo un poco

Como un cadalso en su primera vez

Lo importante es soñar

 

Mi pecho en lo más hondo de sí

quiso llamarse Jack

 

Recoger copra en las Salomón con una goleta de la Compañía de Indias

saltando en su barba pelirroja orcas y delfines

Orzar a la entrada de la ensenada de Perlay.

olfateando el aire a la búsqueda del tifón

Y mirar desesperado en el puente

las velas inmóviles en la calma chica del atolón de las Célibes,

mientras los hombres se angustiaba de inacción.

 

Y reposando sobre mi

mi pecho

en lo más hondo de sí

dibujando sus miedos en la sombra de un albatros

escuchaba el mar

 

Mis ojos, mi boca, mis labios, mi tez aniñada, todo mi rostros soñaron ser la Hermandad de las Islas

y desde Tortuga

tomar Maracaibo

Y mis dientes débiles quisieron ser El Olonés

Y la pequeña cicatriz en mi labio superior lo veía todo en rojo

escuchaba la profunda llamada de la sangre

y ondeando frente a ella

la Jolly Roger y la Union Jack

 

Mi cabello era el peor

como vivía suelto, sucio y salvaje,

quiso ser cazador de focas en la Bahía de Hudson

pero cierto día escuchó algunas historias

sobre un nuevo filón en el Klondike

cargó sus pieles y su vieja india en el trineo

y mientras el perdía su mirada en el blanco sin fin

se deslizaron cruzando el Gran Norte hacia Dawson

con la vieja india narrando historias de sus antepasados

de cuando Chitanaagoo Moses perdió sus dos piernas con aquel rebaño en el Yukón

o cuando Shawarmaa encontró las luces de la gran luna llena en el valle de los renos

cruzando Alaska por el mar de hielo

y llevando su tribu a un país nuevo, salvaje y frío

Y todo con las viejas palabras de la tribu

que mi cabello, silbando a los perros y blasfemando,

con la mirada perdida en el blanco infinito

no podía entender

 

Y aunque buscaba a los lejos un reflejo dorado

En lo más hondo de sí

todo era blanco y helado

Después todo mi cuerpo entró en ebullición

y mis dedos flacos cruzaban el Wadi Rum al frente de la revuelta árabe

y mis rodillas se saludaron flemáticas frente al lago Tanganika

y hasta mi ombligo quiso ser Richard Burton

y arrastrar sus fiebres y su mosquetón y su rabia

por las Montañas de la Luna

 

Pero….pobres…..ellos

ellos

solo viven en mí

Y nada más que en mí

que soy el que cuenta las gotas que resbalan por el vidrio

y el que busca y no encuentra figuras en las manchas de humedad

igual que los niños las buscan en las nubes

el que se sienta en el fondo de las iglesias para pensar que hay quien aún cree en algo

 

Y ahora

hablan entre sí

en un círculo frente a una hoguera colocando nuevos leños en las brasas que se extinguen

No están del todo frustrados

y sueña mi pecho que es una lápida de mármol del sur de Petra

y mi rostro el borde de letras de cobre bruñido

por artesanos hijos nietos y biznietos de maestros bruñidores de Souk Haddadine

Y mi cabello libre y salvaje

quiere ser ahora un ángel de bauxita negra tendido al viento

adornando los tres

el horrible cementerio de mi cuerpo

la tumba vacía e inútil que me acoge

porque al final

lo que importa es soñar

No hay Canadá

 

 

El pastelero era un viejo monárquico

que emigró desde el Canadá porque quería tener rey

Prohibió en casa los violines

los días de feria y las marionetas

el heno y los retazos de algodón

pero las llenó de pompas

de grandes pompas de oloroso jabón blanco

de pompas que desfilaban detrás de un caracol

Y una pompa viajó hasta el Canadá

Y regresó llena de lagos y abedules

y círculos de rododendros y se trajo el Canadá

y otra viajó a Palacio

y volvió con una recepción y se trajo al Chambelán

La tercera era de esas obsesionada por los almanaques

quería vivir en un retrato en blanco y negro

en un álbum de cromos o en la trompa de un gramófono

se perdió en el aire una tarde de domingo

en que no había película y los soldados regresaban al cuartel

Hay una pastelería rodeada por la orilla del Camino Real

y en ella un viejo pastelero sentado

que pasa sus días buscando el final de cielo en Canadá

y hay fuentes con bollos de merengue

por si alguna vez llegase a pasar el Rey camino de un baile o un Tratado

o de la última gran recepción

Pero el Rey nunca pasa

porque el Rey se murió

se quedó dormido en un naufragio

nunca había visto el océano

nunca había visto el mar

Y ahora se han secado los lagos del Canadá

y son zona urbana de chabolas de concha de caracol

El Chambelán es un borracho

Y los soldados

a fuerza de costumbre

no temen ya al cuartel

Autopistas de parches azules cegaron el viejo Camino Real

y la orilla que rodeaba la casa del pastelero

destetada y acribillada de flechas de heno

amputada del resto de la nueva vía

por no querer una vida sin sentido

agoniza cada día lentamente

con sacudidas temblorosas de cada uno de sus guijarros

como la batuta de un director octogenario

como el rabo de una lagartija clavada en un alfiler

entre migajas secas de bollos de merengue

que ni los pájaros quieren comer

 

África

  

 

África se abre al mar como una ostra enferma

Desgarrada en la médula

se inflama y se puebla de vientos vagabundos

que arrastran miseria de desierto en desierto

cerrando oasis y abriendo lagos de arena

desde Hudai-asim hasta Fez-Abaldallah

desde las ruinas berberiscas del Jeque de Hanah hasta el jardín de dátiles de Sim-el-Abuin

desde las cuevas calizas de las montañas de Fedha hasta las cálidas arenas del oasis de El´Web

 

África se derrama al sur como una mano exangüe

sin venas que la crucen ni destinos por leer

tendida sumisa ante un sol implacable

bañada en torrentes de plomo fundido

se dobla fatigada sin fuerzas para pedir

 

Vuela en Sahel en el oasis de El´Web

alejando las sombras de una fauna que hubo

enterrando pisadas y viejas madrigueras

sumergiendo a El´Web

en ritmos arcaicos deudores de un pasado olvidado

un mundo sin tiempo que se mide en el sereno cimbrear de las palmeras

diapasones exhaustos, derrotados péndulos

que marcan ciclos de estaciones repetidas, que nunca acaban de pasar

que se deslizan descuidadamente

se sustituyen sin diferenciarse

sin nada que ofrecer sin semillas que traer ni flores que agostar

sin significado alguno para la vida que se arrastra abatida en El´Web

 

Las palmeras crecen desfallecidas en sudor

resbala entre el pelaje secándose y solidificándose en estalactitas de zumo de coco

Los dátiles se derrumban maduros en la arena

abriéndose y dejando caer exánimes pulpas humedecidas

ataúdes de licores olorosos

que se hunden con cansancio hacia el centro de la duna

cumpliendo un perverso mandato inútil y suicida

-yermo serás, y a nadie traerás beneficio…-

 

África se abre a mí como un último sueño

como la distancia que separa la infancia

la última lágrima vertida por un juguete roto

el humo opiáceo que disfraza el fracaso

Su lejanía es la certeza de su utilidad

La comunión con algo que ya poseo.

Catorce estaciones

 

Ella lleva en su pecho un parte de bajas

y guardadito como un tesoro

un mapa en el que la cruz es su propio matadero

Al norte de su alma

un coro fúnebre de irlandeses borrachos

que cantan sollozando “Oh Danny Boy”

Y al sur

un flujo constante de pateras de ilusiones

que la despueblan a la busca de un paraíso que no existe

pero ella no ha querido alambrar su corazón

 

Y al oeste una necrópolis que avanza

de flores que nacen y se mustian

de polluelos que siempre caen del nido

y hay nuevas semillas y nuevos huevos pintados

pero es una necrópolis que avanza

 

Y al este, al este lo que queda

es el resplandor del sol en cada nueva mañana

que se clava en su frente como una nueva espina

No una vez al año si no a cada instante

sedienta y cansada peregrina

se arrodilla inflamada de amor en el suelo de todos los templos

y ora ante cada imagen pues piensa que todas le acercan a dios

pero al fin

tras cada peregrinación

solo llega a la misma Piedra Negra de su pecho

Y el tiempo no corre para ella

se le enquista y se le pudre

Y sus meteorólogos datan catorce estaciones

que son catorce inviernos.

Los que la amamos asistimos desarmados a este ocaso

sabemos que no puede más que sufrir

y como Cirenes no podemos más que ayudarla en su calvario

o lanzarle el último beso desde la multitud.

 

Pero ella está siempre sola

caminando con el corazón inflamado de amor hacia su propia muerte

mientras a su alrededor

los fantasmas de amores fracasados

los besos prostituidos

las miradas traicionadas

los recuerdos falsificados

la tristeza utilizada

la inocencia extraviada la dulzura perdida

a su alrededor todos gritan

¡Queremos a Barrabás!

 
 
 
 
 
 

El cartógrafo
 

Durante meses vagué por el océano buscando un paraíso.

 

Después de cruzar la última frontera

en la línea esmeralda del mar

encontré el continente oscuro

o tal vez el síntoma terminal

del febril delirio del mal del marino.

 

Apenas esbozado detrás de la kalima

semejaba flotar y alejarse o acercarse a su capricho

como una masa viva, cambiante e informe

que parecía latir sobre las olas

o acunarse entre las sábanas de espuma.

 

Quise hacer real el continente oscuro

pero todos los instrumentos se descompusieron

la brújula parecía el reloj enloquecido de un suicida

y el catalejo un caleidoscopio de verdeselvas oscuras

inútil el sextante que trazaba todo el arco celeste

y ni sobre el mar servía el altímetro de ebullición

según el cual

yo debía estar en el cielo

y tal vez

tal vez lo estaba

 

A veinte nudos a treinta difícil de saber

una milla o cien

Cada día con todo el trapo al viento

no parábamos de acercarnos sin hacerlo a ese dibujo cambiante

bajo un cielo diferente y nunca visto

un cielo primigenio

con un astrolabio recogiendo una cosecha de nuevas estrellas

con constelaciones de dibujos misteriosos e inquietantes

que pensábamos perdidas en la noche de los tiempos

donde no brillaban la Estrella del Norte

ni la Cruz del Sur

 

Los hombres eran supersticiosos y comenzaron a murmurar

no era un continente sino un monstruo mitológico

y yo era un Ahab cegado por una obsesión enferma

Pero había días en que la kalima se difuminaba

y los contornos parecían tan cercanos amigables

que todos enloquecían por llegar a aquel lugar de maravilla

Incluso un atardecer creímos ver una bandada de aves marinas

y nos llegó el sonido del arroyo en la montaña en el olor a agua dulce

 

 

No sé el tiempo que pasó

Dejamos de mirar el calendario

y el día y la noche se fundieron en la misma línea difusa que el resto de los signos del cielo y de la tierra

sólo avanzando

sofocando motines y avanzando

ejecutando castigando y avanzando

con la mirada fija en esa promesa incumplida

 

Un día al fin

tracé la posición del continente

que jamás se había movido de su sitio

4º 23´78´´ latitud S

55º 09´ 52´´ longitud E

Y esa noche oscura y estrellada

en lo alto del cielo apareció con fuerza Casiopea, los Gemelos y la Osa Mayor

Se difuminó la kalima, el aura del continente oscuro

y me sentí como si hubiese acertado el enigma de la esfinge

como si hubiese recibido el permiso de Caronte

 

Así llegué a finales de octubre a la costa del continente oscuro

Circunnavegándolo en dirección sur-sudeste

Desde un paraje que parecía una selva impenetrable

 

Diario de a bordo J.Armesto Cartógrafo

 

 

 

El 29 dejamos la intrincada selva

y ante nosotros apareció una cueva marina horadada por la ola

que se perdía estrechándose en volutas acaracoladas

sin llegar a verse el fin

 

Sobre el acantilado avanzamos suavemente por pequeños prados de heliconias

colinas boscosas y campos aptos para el labradío

hasta llegar a lo que parecían ser dos oasis gemelos

cercados de negras palmeras datileras

En la arena un ciego oraba con el rostro hacia el agua

brillante y oscura

y en el centro del pequeño lago

flotaban colonias de plantas de loto azulado

Eran el iris del que nacían hacia la orilla

como las barcas de una noria hacia el círculo del cielo

como caminos dorados hacia el centro de Oz

los reflejos del sol que navegaba el lago al atardecer

Probé las plantas queriendo olvidar

pero no pude.

 

 

Día 30

Después de una larga calma chicha

volví a navegar hacia el sudeste

dejando a babor suaves acantilados rectilíneos

que se perdieron en cinco fiordos redondeados

coronados cada uno por un pequeño glaciar

Seguí rumbo sur

cruzando paralelos cada vez más calurosos

sin dejar de perder la línea de la costa

que se me antojaba fértil y llena de vida

 

 

31

Desembarqué en una ancha ensenada

dejando al norte dos volcanes paralelos que cerraban un valle verde y luminoso

donde encontré las primeras manadas

bosques de acacias y caña de azúcar

jacanandas y helechos aéreos

palmas y bananos

tamarindos sicomoros

y vi gráciles saltar por la sabana

cebras y gacelas

garzas impalas jirafas y antílopes Grant

y llegué al Ngorongoro de tu ombligo

y más al sur pisé Tierra de fuego

para entonces bautizaba cada metro de tu continente oscuro

como un demiurgo agradecido a un dios de grado superior

Ante mis ojos se alzaba todo el espectáculo de la vida sin mácula

las grandes migraciones de mamíferos

cruzando a lo largo de ti

desde la estación seca a la estación de las lluvias

los cantos de las tribus

los tambores

los niños cuidando el ganado

el aire azul pálido de las Tierras Altas

el susurro de los saltos de agua y el rojo sanguíneo del flamenco

y nuevos lagos encerrados en papiros

y nuevas selvas cubriendo templos y efigies de dioses extintos

Todo el continente floreció para mí

Y por primera vez imaginé mi mar como un vasto cementerio

la metáfora inútil del paso del tiempo

 

Ahora vago de nuevo por el océano circunnavegando tu continente oscuro

no hay cartas marinas que dibujar

ni nuevos rumbos que seguir

cada milímetro de ti está trazado en miles de mapas idénticos que no puedo renunciar a corregir

y mis instrumentos se niegan a guiarme a otro lugar que no seas tú

ya no espero hallar otras tierras

solo navego

respirando el aire salobre de tu costa

alrededor de ti

 

Al fondo de mi catalejo

me acostumbré a mirar en círculo

Todo mi mundo eres tú

 

 

Las manos del abuelo

El abuelo de Brisco había sido contable

y cada tarde al volver a la pensión

le llevaba en los bolsillos de su chaqueta negra

pedazos de lápices de colores

o pequeñas chinas de goma de borrar

gomas elásticas e imperdibles

capuchas de bolígrafo

y rollos de papel arrugado

con hileras de cuentas y cuentas en tinta china

que aquí o allá tenían un borrón

 

Y Brisco le veía sacar todo aquel tesoro

Como si el abuelo fuese un prestidigitador

un mago con su traje negro

de donde también salían

pequeños granos de carboncillo

algún fragmento de calcante de cebolla

o tiritas acordeonadas de papel de seda azul

y a veces caramelos

paquetes de alpiste para el canario Federico

o una bolsa marrón de castañas asadas

 

Y Brisco que pasaba sus tardes con los pies en el hornillo

bajo una manta frente a las caligrafías

podía un ratito bajar un poco la luz de la bujía

y llenar de dibujos los márgenes de las facturas erradas.

 

Desde entonces las cosas no fueron tan bien para él

Si

es cierto

ya no tiene ese frío pero ahora padece otro

y pagó la casa donde vive pero siente que no es suya

El también hace cuentas pero son de otra manera

No conserva aquel carromato de caja de zapatos

ni el barco talado en corteza de pino

con una factura como vela mayor

Ni aquella otra flota vikinga de almadías de palillos pegados

y botes pesqueros de cáscara de nuez

Tiene otros vehículos pero le gustan menos

y come otras cosas

pero nada como aquellas castañas que le quemaban las manos

Ya no tiene quien le ate los zapatos

ni quien le lleve de la mano paseando por el parque

quien le riña cuando pise las grietas en los estanques helados

ni quien comparta con él la última banderilla

Ya no duerme

porque cuando cierra los ojos

se le aparecen tantos infiernos

que nunca pudo imaginar que hubiese tantas cosas malas en el mundo

durante todas aquellas tardes de invierno

 

Una tarde

después de tantos años

Brisco abrió por fin

la vieja caja metálica de dulce de membrillo del abuelo

y encontró un mazo de cartas sujetas con una cinta azul

justo hasta la fecha en que Brisco se hizo mayor

y le empezó a parecer una pérdida de tiempo escribir al abuelo

La foto de Brisco de bebé

y aquí otra con un sombrero calzado con una goma

los cromos de coches antiguos de Brisco

y la baraja los garbanzos y las habas de jugar al mus

el trompo y sus bolas de colores

algún indio algún vaquero

la peonza de toma todo pones una pierdes dos

y el viejo reloj de bolsillo del abuelo

 

Y Brisco

que hubiera querido vivir

en el centro de esas pirámides de luz que nacen bajo las farolas

como una polilla más

cuando cierra los ojos

no me más que velatorios y coronas de flores

Sigue sin poder dormir

Pero ahora lleva a la cama la vieja caja metálica

y la coloca junto a la almohada

por si alguna vez su sueño quiere guardarse con el resto de viejos juguetes

Las cosas no mejoraron mucho

pero el mundo para él ya no es tan malo