El cura carca, el nieto, el presidente y el ataúd volador del dictador yacente


Fotografía: David F. Sabadell

No sé cuán generalizado es esto pero al menos yo no siento ningún tipo de emoción por el traslado del cuerpo del dictador de El Valle de los Caídos. Me da igual. En todo caso, de sentir algo, sería una especie de alivio porque termine esta parodia cutre y cierta vergüenza de que no se hubiese llevado a cabo antes. Visto lo visto, no parece que la cosa haya sido muy difícil y el tamaño de la gesta se ha empequeñecido hasta extremos ridículos viendo la pequeñez de los actores que la han protagonizado.

Un gobierno de ventajistas comandado por un cínico anuncian el traslado como una mera ocurrencia, sin plan alguno, sin haber estudiado ni una sola de las posibles complicaciones con las que se podrían encontrar y, así, se topan con que la familia más rancia y trasnochada que cabe imaginar los chulea durante casi año y medio. Un año y medio en que el Gobierno de España recibe humillación tras humillación por parte de los nietos del dictador y se ve obligado a retrasar el traslado una y otra vez. Y, como actores secundarios, extravagantes curillas, jueces carcas, el nieto de Tejero, guardias civiles que persiguen a cuatro frikis iluminados que gritan histéricos que quieren rezar, funerarios amenazados por la carcunda, una vicepresidenta peregrinando con mantón de cura en cura y un ataúd que viaja en helicóptero. Este es el triste reparto del sainete.

En Ayúdame con el muerto se narra el episodio del rapto del cadáver de Gram Parsons por parte de sus amigos para poder incinerarlo, según era su deseo, en el desierto de Joshua Tree. Hasta esa comedia tiene infinitamente más dignidad, decencia y expresa más valores morales que la mamarrachada a la que hoy asistimos.

Todo tiene un tufo a esperpento, a película barata del cine italiano de los 70, de Jaimito o a esas otras de Mariano Ozores, Esteso y compañía que rimaban los títulos. El cura carca, el nieto, el presidente y el ataúd volador del dictador yacente. Pero sin maldita la gracia. ¿Cómo emocionarse con algo así? ¿Cómo brindar, cómo alegrarse, cómo sentir algún tipo de entusiasmo? Es una chabacanada de principio a fin. Una mamarrachada y lo mejor que puede pasar es que este bochorno termine cuanto antes.

Podría y tendría que haber sido un acto reparador, en el que tuviesen protagonismo las víctimas de esa dictadura espantosa y que uniese a todos aquellos que se sienten concernidos por la decencia y la defensa de la libertad

En manos de verdaderos estadistas bien podría haber sido otra cosa bien distinta. Un acto con auténtico sentido ético, no un pobre chanchullo electoralista. Podría y tendría que haber sido un evento que exaltase los valores cívicos y democráticos que se oponen a los que representa ese cadáver y el periodo negro de la historia que protagonizó. Podría y tendría que haber sido un acto reparador, en el que tuviesen protagonismo las víctimas de esa dictadura espantosa y que uniese a todos aquellos que se sienten concernidos por la decencia y la defensa de la libertad. Podría y tendría que haber quedado inscrito en letras de oro en la historia de este país como un momento que de algún modo expresaría una firme voluntad de reparar lo que aún puede ser reparado. Podría y tendría que haber sido un momento en que los españoles sintiesen una suerte de satisfacción colectiva en su lucha por la democracia.

Pero nada de esto aparece aquí ni por asomo. En su lugar tenemos esta chapucería misérrima y vergonzante, acorde, por otra parte, con el devenir histórico del PSOE en lo que respecta a su relación con el franquismo.

Cada vez que este partido tiene una oportunidad de hacer pedagogía, de construir un nuevo relato discursivo que ponga en el valor que merecen los que defendieron la legalidad y la democracia republicana de la barbarie fascista, que traslade afecto y reconocimiento a las innumerables víctimas que aún hoy padecen los efectos de la persecución y el asesinato, cada vez que puede hacer algo en ese sentido, el PSOE lo malogra. Y en cada ocasión vuelve a adoptar un comportamiento timorato, calculador y falto de ideales y escrúpulos. Y esta vez es ocasión, además, de una chapucería vergonzosa.

Nos vuelven a robar, una vez más y ya son incontables, la posibilidad de sentir algún tipo de orgullo colectivo, de reivindicarnos como país y como ciudadanía libre

Nos vuelven a robar, una vez más y ya son incontables, la posibilidad de sentir algún tipo de orgullo colectivo, de reivindicarnos como país y como ciudadanía libre. De exaltar los valores de la libertad, de la democracia, del compromiso. Nos vuelven a robar la posibilidad de iluminar el pasado y también a las generaciones futuras con un acto que fuese un verdadero referente de afirmación ética. En su lugar, tenemos esta pobre bufonada. Bravo, presidente.

Pues bueno, que se acabe de una vez y a otra cosa.

 

© 2018 por Jorge Armesto