El niño que busca tesoros



El niño que busca tesoros

traza el mapa sobre el forro de la caligrafía

en ese papel verde y rugoso como un viejo envoltorio

atravesando el jardín los manzanos y el trigal de amapolas

cruzando el arrollo en su codo

a diez pasos del olmo hueco y quemado

en la línea que dibuja el sol justo al atardecer.

Y dobla el mapa y lo entierra bajo una pila de libros

para construir sus pliegues

y lo expone al sol de la claraboya del desván

redondea sus bordes arrancándoles pequeños trozos como mordiscos de ratón

y lo guarda después, envejecido y ahumado

en una de esas cajas metálicas de pimentón de la abuela

con la tapa redonda oxidada

para encontrarlo años después

Y cruza el jardín, los manzanos, el trigal de amapolas y el arrollo

y cava a diez pasos del olmo justo al atardecer

pero allí

allí no hay nada

El niño que busca tesoros

ya no es tan niño cuando crea su segundo mapa

ha encontrado nuevos materiales más apergaminados

y envejece el papel con una mezcla de yodo y betún de Judea

inventada por él

aunque lo sigue guardando en la vieja caja metálica

que es como un vientre donde se gestan mapas de tesoros

la tierra donde germinan cartas marinas

simiente de brújulas y astrolabios que solo señalan prodigios

Y ahora debe crestear sierras fabulosas

hundirse hacia los valles profundos

y dormir bajo las estrellas en el refugio caído

Se cruza con rebecos y perdices en el camino

y bebe el agua fresca del manantial de la montaña

pero cuando cava en la cara umbría de la peña de cabeza de águila

justo cuando al sol del mediodía

la sombra del pico curvado amenaza el centro de un nevero

cuando cava entre el brezo a dos centímetros de la huella del oso

allí

allí no hay nada

El niño que busca tesoros

es ya un anciano cuando quiere buscar el tercero

El proceso de envejecimiento de las láminas es perfecto ahora

con una solución de azufre y metacrilato

diluida en barniz de nogal

que dibuja en el papel esas manchas de la memoria

La gestación es más tardía

pero la vieja caja sigue siendo el seno de un mundo misterioso

y ahora debe atravesar el terrible desierto de Jeddah

el valle del Eufrates y llegar hasta Isfahan

para sumergirse luego en los fondos coralinos de Aqaba

la selva de Zanzíbar junto al lago Bangwelu en el pueblo de Chitambo

y más hacia el oeste cuando la última marea del cuarto creciente regresa hacia el Atlántico

y los esqueletos de los buques pesqueros

son como arañas buceando en la duna de arena rosada

cavar

con la misma pala del abuelo, con que cavó su primer tesoro

No tiene ni medios ni fuerzas ya

Y ahora llora sobre los acimut borracho y frustrado

e incluso los gotones de las lágrimas le han dado al mapa mayor credibilidad

un mapa que cruzaba Arabia y Mesopotamia

y el Asia Menor y centro África y que moría en la costa namibia

allí

donde tampoco había nada.

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© 2018 por Jorge Armesto